Quitandole la timidez a mi hijo
Febrero 5, 2008
Soy una ama de casa, tengo casi cuarenta años y no me considero una mujer demasiado liberal, pero lo que a continuación voy a relatar seguramente escandalice a la mayoría. Tengo un hijo que cuando ocurrieron los hechos tenía 21 años. Era muy tímido con las chicas de su edad, y se estaba volviendo muy introvertido. Sé perfectamente lo mal que se pasa en esas circunstancia por propia experiencia, así que cuando advertí el problema, enseguida me planteé compartir algo de mi conocimiento para iniciarlo y que sintiera el sexo como algo natural y a compartir con los demás.
Una noche en la que estábamos a solas viendo la televisión, ya que mi marido trabaja a turnos y esa semana le tocaba por la noche, mi hijo me dio las buenas noches y se fue a su cuarto. En ese momento dudé mucho en dar el paso, pero finalmente me decidí y tras cinco minutos, me dirigí a su habitación.
Al abrir la puerta, y aunque estaba a oscura, sentí que se alborotó bastante y tras unos segundos encendió la luz de la mesita. Estaba tumbado arropado bajo la sábana, y mantenía flexionada una rodilla, por lo que no me di cuenta en ese momento de que lo pillé masturbándose y con los calzoncillos en los tobillos.
Me senté a su lado, al borde de la cama, le acaricié la cara y puse mi mano en su pecho mientras intentaba sacarle la conversación del problema de su timidez con las chicas.
Él me decía que a las chicas parecía que no les interesaba salir con chicos y menos todavía practicar el sexo, a lo que le respondí que no era cierto, que a las chicas nos atrae tanto o más el sexo que a los chicos, e incluso a más temprana edad, pero que lo disimulamos muy bien.
A todo esto mi mano se entretenía en su vientre y ya percibí la erección que por lo visto mantenía desde que entre. Entonces, para quitar hierro al asunto, le miré a los ojos sonriendo y le dije a la vez que le puse la mano en su miembro, ¡que menuda erección tenía!, que ese tipo de miembro era muy atractivo para las chicas y que seria muy deseable cuando lo conocieran de esa manera.
Él me miró desconcertado, sin saber que hacer o que decir, así que eché la sabana a un lado para verla directamente. Mantuve la sonrisa para tranquilizarlo y le acaricié el pene desde los testículos hasta la punta. Él tragaba saliva sin saber como reaccionar.
Sin más dilación se la cogí suavemente y empecé con el vaivén suave y tranquilizador. Él cerró los ojos y yo me estaba excitando sobremanera. En ese mismo momento me la hubiera metido en la boca o incluso me hubiera puesto sobre él, pero lo consideré demasiado arriesgado, ya que no quería perder el control de la situación.
Aceleré el movimiento, su respiración se hacía más fuerte, su miembro estaba de realmente duro y enorme. No podía apartar la vista de su pene, sentía en la mano las primeras señales del orgasmo y aceleré el ritmo. Ya puestos, quería hacerle un buen trabajo.
Los chorros de semen salieron en todas direcciones mientras se contorsionaba y jadeaba como un loco, yo seguía meneándosela porque no paraba de salir más semen. Su pecho y su vientre, las sábanas y mi mano cubierta por un semen espesísimo que quemaba.
Me limpié la mano y le limpié a él y le di un beso en la mejilla y le dije que cualquier chica desearía haber estado en mi lugar, le di las buenas noches y salí de la habitación, cerré la puerta y dirigiéndome a mi cama, aspiré excitada el aroma que perduraba entre mis dedos.
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